MARIANNE GARCÍA por Helga Dietrich

MARIANNE GARCÍA

Imagen de pixabay.com (Mimirebelle-454495)


Marianne es una persona fascinante. Cuando la conocí, al principio, solo vi a una mujer mayor con una sonrisa muy simpática. Pero al terminar nuestra conversación pensé en su sufrimiento y valoré aún más esa sonrisa. Es admirable.

Marianne nació en Burdeos, en Francia. Su madre huyó de la guerra cuando mataron a su padre. Marianne era María para su madre, que siempre le hablaba en español, pero era Marianne para todos los demás. No quería que la tratasen como otra inmigrante más (como a su madre). Tiene un poco de acento francés cuando pronuncia la -s; siempre parece que susurra. Es muy dulce, pero su historia no.

Tuvo muchos amigos en el colegio, pero en casa estaba sola. Su madre se casó con un francés. Este señor también era viudo y tenía 3 hijos. Marianne y su madre fueron a vivir a casa del nuevo marido, pero los hermanos nunca las aceptaron. Por eso ella se fue muy pronto. Emigró a Canadá donde trabajó como profesora de español. Su madre murió a los tres años. Ella sufre porque no estuvo con ella al final.

En Canadá pasó muy buenos años. Después fue a vivir a Madrid, donde trabajó en el Instituto Cervantes. Se casó y tuvo un hijo, pero su hijo enfermó y murió. Su matrimonio no soportó la tragedia y desde entonces vive sola pero tiene dos buenas amigas. Las tres decidieron vivir en la residencia, aunque ahora solo queda ella. Cuando le pregunté cómo tenía esa sonrisa después de tantas muertes, ella me contestó con una enseñanza tan grande como sencillas: ¿qué voy a hacer? Lo único que está en mis manos es esta sonrisa.

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